DOMINGO 4 DE DICIEMBRE DE 2016

01 de Diciembre 2016
 Padre Wilson Cobaleda
DOMINGO 4 DE DICIEMBRE DE 2016
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LAS PROMESAS DE DIOS GUARDAN UNA ESPERANZA

Nos preparamos para la Navidad, para la manifestación del Hijo de Dios en el mundo. Ahora bien, desde el principio de la creación Dios tuvo la iniciativa de revelarse al hombre, de darse a conocer. Este deseo estuvo unido a sus palabras y a las promesas que Él realizó, especialmente por medio de los profetas, promesas que se cumplirían tarde o temprano.

Quienes escucharon las promesas de Dios, las profecías, se llenaron de esperanza y aguardaron su cumplimiento. Así por ejemplo, Abraham esperó tener una gran descendencia según Dios le había prometido; Moisés esperó liberar al pueblo según Dios le había dicho; Zacarías esperó tener un hijo como Dios le había anunciado; y todos ellos pudieron luego ver cumplida la profecía. Justamente, en las lecturas de este domingo encontramos dos profecías que nos llaman a guardar la esperanza:

La primera profecía es proclamada por Isaías quien, siete siglos antes del nacimiento de Jesús, profetizó que de la familia de David, del tronco de Jesé, nacería el ungido del Señor, lleno del Espíritu divino, quien obraría con justicia y traería la paz. Esta profecía se refería al nacimiento de Jesucristo quien tuvo en san José la descendencia de David; esta profecía ya se cumplió.

La segunda profecía es anunciada por Juan el bautista quien llamó a los hombres a la conversión, a dejar la vida de pecado y a presentar frutos de cambio porque el Reino de los cielos estaba cerca. Anunció, además, que quien vendría bautizaría con Espíritu Santo y fuego, para significar que transformaría el corazón de los hombres. Esta profecía se cumplió a corto plazo con el inicio del ministerio de Jesús y con su mandato de bautizar a todas las gentes.

Las dos profecías, entonces, anunciaron la llegada del Mesías: su nacimiento y su ministerio. No ha habido mayor profecía que esta. Por eso san Pablo en la segunda lectura segura que en Cristo se cumplieron todas las  promesas ya que Él fue fiel a Dios e hizo partícipe de la salvación también a los gentiles.

De todo esto aprendemos que la promesa nos ayuda a guardar la esperanza en Dios. En ese sentido, aguardamos la segunda venida de Jesús y la espera no nos debe desanimar. Debemos, a la vez, ser hombres y mujeres de promesa, de esperanza, de compromiso.

Debiéramos, entre nosotros, recuperar las promesas, los compromisos adquiridos con Dios y con los otros. En este mes, debiéramos hacer un compromiso en familia: de comunicarnos más amor, de tolerarnos más. El día de nuestro bautismo y de nuestra confirmación prometimos renunciar al pecado y creer en Dios, y, a veces, esto es lo último que hacemos. Dios ha prometido que siempre nos amará. Jesús prometió que estaría con nosotros siempre. ¿Qué podemos prometerle a Él hoy?

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