DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2016

29 de Noviembre 2016
 Padre Wilson Cobaleda
DOMINGO 27 DE NOVIEMBRE DE 2016
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¿POR QUÉ NO SOÑAR?

Iniciamos hoy un nuevo año litúrgico en la Iglesia, un nuevo calendario cristiano donde celebraremos todos los misterios divinos en torno a Jesucristo. Y así como al iniciar el año civil deseamos tantas cosas para el año venidero, también debemos pensar en grande en este nuevo año litúrgico. Así por ejemplo, este año podría llevarnos a conocer más a Jesús, a acoger con mayor generosidad su palabra, a lograr una conversión más profunda y a vivir en mayor coherencia de vida. ¿Por qué no? Créelo!

En ese sentido, al iniciar un nuevo año cristiano, la liturgia nos llama a una primera experiencia con Cristo que no comienza con su nacimiento sino con el anuncio de su segunda venida, que aún no se ha realizado, pero que, a la vez, necesita de nuestra atención ¿Por qué? Porque cuando Cristo venga por segunda vez, este mundo pasará y seremos o no partícipes de su salvación, para siempre. Es decir, su venida marcará nuestro destino definitivo.

Justamente, la palabra “adviento” significa “llegada” “venida” del Mesías, lo que requiere de nosotros una disposición. Y en el Evangelio Jesús nos da tres pistas acerca del día de su venida:

1. Que cuando Él venga muchos no estarán preparados ni esperándole, dedicados a los placeres meramente terrenales, a comer y a beber como lo dice la primera lectura.
2. Que dentro del grupo familiar, de amigos y vecinos, unos participarán de la vida del cielo y otros no, por más que haya un lazo de sangre o de amistad, como aquellos que estaban en el campo o moliendo.
3. Que lo mejor es estar en vela, vigilantes en la espera del Señor; ¿Qué debemos, entonces, vigilar? ¿Qué debemos hacer para esperar bien a Jesús? Dejar las sombras de las tinieblas, del pecado – como lo decía Pablo- y llevar una vida coherente y una fe sólida para permanecer en la alegre espera. Es también despertarnos del sueño y de la pereza espiritual que nos mantiene atados, que nos impiden levantarnos para acoger la luz de Cristo cada mañana.

Así que tomemos conciencia de la venida del Señor, vivamos en coherencia, esperándolo, levantados, con la mirada y la fe puesta en Él. Reprochemos aquello que no corresponde con su amor y que nos afecta y que afecta a los otros. Feliz nuevo año litúrgico. “Ven, Señor, que te esperamos”.

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